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Blog sobre Francisco de Goya. Espacio de amistad que aglutine a todos aquellos amigos de Goya o de lo que representa Goya, a la manera de un club on line.

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Goya y la Fábula (1)

La fábula, pequeño relato en verso o en prosa destinado a ilustrar un precepto, constituye todo un género literario cuyas características serían definidas y perfiladas por los griegos, un pueblo que, en opinión de H. Taine, ha pensado tanto, tiene su espíritu tan bien hecho, que sus conjeturas se han encontrado muchas veces con la verdad. Sin embargo el origen de la fábula se remonta a las fábulas mesopotámicas llegadas a Grecia hacia el 2.500 A.C. y posteriormente a la India. Ambas vías, greco-latina e india, constituirán tradiciones que posteriormente contactarán con la Edad Media a través de traducciones árabes.

A pesar de que Esopo pasa por ser el divulgador de la primera colección de fábulas, no nos ha llegado nada de él -incluso su existencia es controvertida- y sus fábulas las conocemos por colecciones posteriores. En todo caso Esopo, a quien la tradición atribuye condición de esclavo de origen frigio, es autor conocido desde muy antiguo y constituye el primer modelo conocido y divulgado. (Julián Gállego dice que) fue primeramente esclavo, luego liberto y muerto por los vecinos de Delfos. Herodoto sitúa su vida entre 570 – 526 a.C. y Aristófanes lo cita como un referente habitual en sus comedias.

De naturaleza ficticia y alegórica, la fábula es un recurso de oradores para lograr la persuasión y no pretende tanto ofrecer un suceso irreal y no creíble, generalmente en el mundo animal, cuanto presentárnoslo por lo que este suceso simboliza a manera de meditación sobre el mundo de los hombres. Intercalada entre géneros como la comedia, por contraposición a la literatura épica, por ejemplo, con el paso del tiempo la fábula, por su formato y su facilidad, servirá a las distintas escuelas filosóficas –estoicos, cínicos- para la educación de los jóvenes, dado su alto valor moralizador y persuasivo. En todo caso, las fábulas de Esopo se caracterizan por la brevedad y la sencillez y se utilizarán, junto con las de Fedro, en materia de enseñanza dentro de una moral laica que esencialmente pretende enfatizar actitudes vigilantes ante la vida.

Así Fedro, en el siglo I, habla de enseñar deleitando:

Duplex libelli dos est: quod risum mouet

et quod prudenti uitam consilio monet

De manera que serán presentadas cumpliendo a la perfección la máxima horaciana del utile dulci, como testimonia el gramático y retórico latino Quintiliano (siglo I) y, ya en la Edad Media europea, muestra un Petrarca complacido al recordar sus primeras experiencias escolares.

Para F. Rodríguez Adrados, en las fabulas “El poderoso se impone, sean cualesquiera las razones del débil (…) Pero el débil puede ser superior en ingenio y triunfar con el engaño o la astucia. Y hay crítica y burla de la vanidad, la tontería, la codicia”. Según esta tesis, se comprende mejor por qué la fábula despierta más o menos interés en determinadas épocas históricas y grupos como los cínicos en la Grecia clásica y, como veremos más adelante, los ilustrados y liberales españoles del XVIII y XIX. Sobre todo habida cuenta de que la fábula, por sus características tan específicas, a pesar de ser utilizada para señalar abreviadamente los vicios humanos y también como método de primer adoctrinamiento escolar, no tiene necesariamente en el mundo infantil a su mejor público, puesto que en muchos casos será vía de procacidad y cinismo y en consecuencia mucho más adecuada para un público adulto.

Velázquez y Esopo

“En la Edad Media………fueron incrementándose paulatinamente las colecciones de fábulas esópicas.(…..) La literatura romance en la Península Ibérica ofrece buen campo para este espíritu fabulístico, y así puede apreciarse, por poner un solo ejemplo, en los varios apólogos insertos en el Libro del buen amor de Juan Ruiz”.

Sin embargo, la fábula como género había sido despreciada, cuando no ninguneada, por los tratadistas literarios hasta bien entrado el siglo XVII. Pero conviene recordar que Velázquez había vivido en el barroco, un período en el que el arte es teatral y artificioso, en el que nada era lo que parecía.

Según López Rey “El empleo de fábulas griegas a lo largo de la vida de Velázquez, hasta el final mismo de su vida, es tan reiterado que, fuera cual fuese la parte correspondiente al capricho del rey, no puede suponerse que estuviera animado fundamentalmente por un sentimiento de ironía y de crítica destructora, como no pocas veces se ha afirmado”.

Felipe IV había reunido en la Torre de la Parada a una serie de grandes artistas, de acuerdo en lo esencial con la creencia de que las gentes de talento no tienen nunca más talento que cuando están juntas. Y a tal fin, lo mismo que Rubens con sus Saturno, Vulcano y Ganímedes adornaban alguna de las estancias, el pintor flamenco Paul de Vos –cuñado de Snyders- también había participado en la decoración de la Torre ilustrando, precisamente, varias fábulas de Esopo, y probando una vez más que la fábula, como consejo o amonestación, sirve tanto para la literatura como para cualquier otra actividad artística.

Para J. Brown es igualmente posible que el Esopo y Menipo fueran la respuesta de Velázquez a otra pareja de lienzos de Rubens, Demócrito y Heráclito, que colgaban en el mismo edificio. Porque en la literatura clásica, Esopo ocupaba un lugar también como crítico de la vida apolínea o cultivada y no solamente como fabulador. Y en el contexto de la residencia de caza de los montes del Pardo, el retrato de Esopo junto con el del cínico Menipo, a su vez despreciador de la gravedad filosófica y exaltador de la sabiduría del hombre corriente, serían como los santos patrones de la vida sencilla.

En conclusión, Julián Gállego apunta que parece plausible que en un pabellón de esparcimiento -por más que la caza fuera un arte regio que preparaba la guerra-, se admitiera una decoración miscelánea en la que la sátira de la cultura antigua, tan evidente en el Siglo de Oro en la literatura como en la pintura, tuviera un lugar adecuado. Porque “si Demócrito, el que se ríe de todo, y Heráclito, el que toma todo como causa de llanto, se prestan a menudo a la sátira española, Esopo, que alecciona a los humanos por su semejanza con las bestias, o Menipo, en su cínica posición, tampoco estaban de más”.

Menipo y Esopo de Velázquez

Menipo Diego Velázquez, 1639 – 1640 Oleo sobre lienzo 179 x 94 cm. Museo del Prado, Madrid, España Esopo Diego Velázquez, 1639 – 1640 Oleo sobre lienzo 179 x 94 cm. Museo del Prado, Madrid, España

Los velazqueños Esopo y Menipo constituyen, por otra parte, característicos tipos pictóricos del siglo XVII en el que, como hará José de Ribera con su Demócrito, emplean a venerables figuras de la Antigüedad vestidas con harapientas ropas del XVII, con objeto de encontrar una forma ingeniosa de compendiar sus temas e ideas esenciales.

Pero él (el vendedor) no podía vestirle ni adecentarle como es debido, pues era un tipo grueso y completamente deforme, así que le vistió con una túnica de arpillera, le ató una tira de tela a la cintura y le colocó entre los dos bellos esclavos.

(De la leyenda biográfica de Esopo en la que se le pone a la venta con otros esclavos).

Finaliza J. Brown su ficha del retrato afirmando que nadie ha superado los resultados que obtuvo Velázquez cuando se acercó a éste especial género. Esopo, hombre de edad avanzada y rostro blando y cansado, lleva en una mano un estropeado libro e introduce la otra en la cintura del amplio paño que le sirve de poco favorecedor vestido. En la parte izquierda del lienzo aparece un cubo con un trozo de cuero que cuelga por fuera del recipiente, discreta referencia a la fábula en que un hombre vecino de una curtiduría acaba aprendiendo a tolerar los nocivos olores del cuero.

Ante un asunto imaginario como el de este lienzo, el pincel de Velázquez remonta el vuelo y transmite una sensación de sólida estructura, pero lo hace mediante unos tenues y nebulosos efectos de luz, de una extraordinaria delicadeza. Los rasgos faciales están conseguidos a base de pinceladas sumamente ligeras, y luego las luces son fragmentos irregulares de empaste de blanco de plomo. En el cabello de Esopo pueden apreciarse breves pinceladas y motas de pintura que le dan ese aspecto de encrespado y tieso.

En definitiva, Velázquez no logra finalmente una obra de la imaginación sobreexcitada, sino de la razón lúcida. Está hecha para durar por sí misma y sin ayuda, como tan genial y acertadamente sabrá captar Francisco de Goya cuando, mucho tiempo después, realice las primorosas reducciones de los cuadros de Velázquez que posee la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País.

Continuará…

Gonzalo de Diego

Una buena noticia

Lo es, sin duda, el anuncio del Museo de Bellas Artes de Boston de que el día 12 de octubre próximo –fiesta nacional de España- inaugurará en su sede una excepcional exposición sobre Goya titulada : “Goya, Orden y desorden” (Order and disorder). La exposición se clausurará el 19 de enero de 2015 y supone la mayor retrospectiva de Goya en USA en los últimos 25 años.

En efecto, como comenté en este mismo blog en julio de 2013, hace exactamente 26 años se presentó públicamente lo que podríamos denominar como antecedente –glorioso- de la exposición que ahora nos anuncian.

En 1984 Eleanor A. Sayre inició y organizó los trabajos preparatorios de la muestra que en espíritu de ejemplar colaboración y ya en 1988 co-dirigió con el profesor Pérez Sánchez, entonces director del Museo del Prado. La magnífica exposición “Goya y el espíritu de la Ilustración”, una exhibición y un catálogo de referencia,  tuvo lugar en el Museo del Prado, Madrid (Octubre-Diciembre), en el Museo de BBAA de Boston (Enero-Marzo 1989) y en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York (Mayo-Julio 1989). El éxito fue más que notable y su repercusión inolvidable.

Pues bien es ahora otra conservadora del Museo de Boston, doña  Stephanie Loeb Stepanek, quien al frente de un brillante equipo de colaboradores ha venido trabajando en la muestra que podremos contemplar a partir de octubre, si tenemos la fortuna de poder viajar a Boston. Gran noticia que desde la ciudad de Goya, a casi 6.000 km. de distancia, vemos con admiración y entusiasmo; sólo por el título elegido, alrededor del orden y el desorden de la creatividad de nuestro paisano, paladeamos un acontecimiento museal que se intuye con claridad como inteligente, atractivo, interesante y retador al mismo tiempo. Sólo esa mención, y la información complementaria, estimula sobradamente nuestra capacidad estética anticipatoria, la capacidad de la imaginación: la gran virtud, o vicio, que André Breton había aprendido de las páginas de Sade: “Querida imaginación, lo que amo sobre todo en ti es que tú no perdonas”.

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Desde la patria de Goya la exposición se adivina como todo un reto. Un asunto que sin duda ha tenido que obligar la agudeza y el trabajo tanto de la señora Loeb Stepanek, de apellido con notables resonancias checas, como de Frederick Ilchman y Janis A. Tomlinson, con contribuciones, entre otros, de Manuela B. Mena y de Gudrun Maurer.  El Museo anuncia que el discurso de la exposición, y del catálogo-libro, seguirá criterios temáticos innovadores, lo cual es muy de agradecer, y ya nos tiene impacientes a casi tres meses vista. Impaciencia en cierto modo premonitoria porque he de rogar al lector que me permita ahora, brevemente, hablar de algo que aunque parezca no tener relación, la tiene. Y mucha. Los franceses, que de eso saben bastante, hablan de que a la hora de comer en un restaurante en el que entramos por primera vez, en una sencilla casa de comidas o en un domicilio particular, por pura intuición sabemos cuándo vamos a comer bien. Es lo que en alta gastronomía se conoce como el efecto umbral que conocen, y dominan, los verdaderos “maître d’hôtel”, capaces de calibrar al cliente desde el instante mismo de la entrada al comedor y que les permite, en un instante, hacerse una idea y, a continuación, anticiparse a los deseos del cliente. Ese mismo efecto umbral yo creo que también existe en el caso de las exposiciones, sobre todo en las exquisitas, en las que suponen un avance y son por ello especialmente paladeadas por los gourmands del arte.

Dejemos la aparente digresión y volvamos al asunto:  Muy de vez en cuando, porque no puede ser de otra manera, tenemos ocasión de que algunos de los grandes museos del mundo –como ejemplarmente lo son en materia de Goya el del Prado en Madrid y el de Bellas Artes de Boston- nos ofrezcan exposiciones ejemplares que inmediatamente se convierten en el renovado canon con el que aumentar todo el conocimiento que tenemos sobre este inmenso artista. Es el caso, afortunado, de la muestra que nos anuncian. Estamos seguros de ello. Más de 160 piezas en exposición, entre pinturas, estampas y dibujos fechados entre 1770 y 1828 y algunas de ellas nunca vistas en Boston, procedentes también del Louvre, Galleria degli Uffizi, Metropolitan, National Gallery y numerosas colecciones privadas.

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Ultima comunión de san José de Calasanz. Oleo /lienzo. 250 x 180 cms. Museo Calasancio. Madrid

Para mí es igualmente muy satisfactorio saber que en tan excelente exhibición figurará el soberbio lienzo de La Ultima Comunión de San José de Calasanz, al que me he referido in extenso en el ensayo Goya al límite que puede leerse gratuitamente en la tienda de Apple ibook store, así como en la web www.realgoya.com . Creo que es una pieza capital, importantísima en la carrera de Goya, una auténtica obra maestra y su elección supone uno de los hitos de esta exposición y un gran acierto del Museo de Bellas Artes de Boston solicitando su préstamo al Museo Calasancio de Madrid. Un cuadro que permitirá a los visitantes de la exposición apreciar la prodigiosa potencia pictórica de Goya en un año clave de su vida, 1819, en el que también pintaría las famosísimas pinturas negras, con un registro completamente distinto. Prodigio de versatilidad conceptual y demostración pedagógicamente impecable de lo que era Goya y cómo se expresaba ante sí mismo y ante el mundo. Esta exposición facilita todo ello con largueza. Gran noticia.

Gonzalo de Diego

Goya festivo

¿Era Goya un disfrutador de la vida? Parece que sí, que efectivamente disfrutaba de la caza, de los toros, de la vida y sus placeres en general puesto que en algún momento lleva una conducta de cortesano bastante disipada, es cierto, pero ni más ni menos frívola, en principio, que lo acostumbrado en una posición social pública como la suya. Por tanto, si su carácter era también éste, habrá que convenir que tiene razón Robert Hugues cuando afirma que Goya “era además un epicúreo convencido, puesto que sabemos que le apasionaba todo lo sensorial: el olor de una naranja o de la axila de una niña, el aroma del tabaco y el regusto del vino, el ritmo palpitante de un baile callejero, el juego de luces sobre el tafetán, el muaré, el simple algodón; el arrebol expandiéndose en el cielo de una tarde estival o el pálido brillo de la culata de nogal finamente tallada de una escopeta. ”
Y que como tal disfrutador, en su epicureísmo practicaba una doctrina de un paganismo típicamente laico y mediterráneo, práctico pero ligero, que buscaba sobre todo procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la que los temores al destino, los dioses o la muerte quedaran definitivamente eliminados. Al fin y al cabo Epicuro proponía la realización de la vida buena y feliz y las relaciones amistosas entre sus correligionarios, lo que teóricamente es un equilibrio perfecto entre la mente y el cuerpo que proporciona la serenidad o ataraxia.

comicos ambulantes Goya

Cómicos ambulantes, 1794 (detalle)  Madrid, Museo del Prado

Pero Goya no era siempre así, aunque ciertamente lo manifiesta con toda claridad en momentos muy concretos de su vida, como cuando ya en la cincuentena envía una carta a su gran amigo Martín Zapater entre el 12 y el 25 de diciembre de 1797, en la que muestra efusiva y gráficamente la gratitud de un grupo de amigos a Martín Zapater por su invitación a bebida, comida y a un balcón en la muy distraída Plaza Mayor de Madrid, con motivo de haber sido premiado en los sorteos del Real Empréstito.

La carta dice así:

Poderosissimo, generosissimo, y esplendidisimo Señor Don
Martin Zapater.
Mui Señor nuestro, y de la mayor veneracion y respecto:
Envargados del aprecio, y de el reconocimiento a la vondosa
generosidad de vuestra merced y aun mucho mas de los
esquisitos manjares, delicados vinos, y suavisimos licores, con
que de orden suia hemos celebrado las felicidades, con que la
suerte ha favorecido su embidiable dicha, y fortuna, no
podemos dar a vuestra merced (como es de nuestra obligación,
que reconocemos, y confesamos) tan cumplidas, y espresibas
gracias quantas eran merecedor por su garbo, y esplendidez;
Quien podria pensar, ni discurrir, que un cutre que un caribe
como vuestra merced habria sorprehendido con tanta galanteria
nuestros animos, dispuestos (como tan interesados) á festejar, y
aplaudir sus dichas; nadie; y asi nos hemos exaltado a tal punto,
que la alegria casi a pasado a ser inmoderada,! que brindis! que
repeticion de Botellas,! que Cafée que plus Cafee:! que botellas!
que copas por el aire!: no hay mas que decir, sino que el christal
de la Casa se ha renobado; y a todas estas solo se oian las alegres
voces de, viva Zapater, que excelente hombre, que buen Amigo:
viva, y mas viba. Saque Lotes, y mas saque, a feé que tiene
berdaderos Amigos que se lo celebren, y den gracias a el Altisimo porque egercita con hombre tan digno sus vondades;
concluimos nuestra funcion con toda felicidad, y alegria, pero
que sorpresa tan nueba nos acomete en este instante! un criado
que trae un coche Simon, y un recado de parte del mismo Señor
que ha dado el convite nos tiene prebenido el Balcon sobre la
villa para que nos divertamos, y descansemos de las fatigas de la
celevridad, ó gran dia, dia feliz, en que se han aplaudido tantas
felicidades, tantas dichas y tantas generosidades; no lo sera
menor en el que reciba vuestra merced esta, como lo aplaudira,!
como lo celebrara,! y como confesara, que son verdaderos
Amigos suios y que no desean otra cosa que las satisfaciones de
vuestra merced, sus dichas y sus regocijos, estos son sus mas
agradecidos y atentos Amigos y Servidores Que Su Mano Besan.
Servidos de Damas no de Zambombos.
… … …
Pasquas
Pedro de Garro [rubricado]
… … …
Francisco de tus Glorias ó de Goya [rubricado]
… … …
Pascuas
Julian Baquero [rubricado]
… … …
El ultimo congregante de los Putos
Santa Maria [rubricado]
… … …
Felices Pascuas: se las desea á vuestra merced muy de veras
¡O generoso Aragones! Su fino amigo
Francisco Diz [rubricado]
… … …
Pasquas
Josef Zamora [rubricado]
… … …
Pasquas y salud y salud para fundar esta obra pia.
Antonio Ferrer [rubricado]
… … …
Pasquas: Pasado en el serrallo de Musiu. Firma y re y [signo] en
testimonio de Verdad [dibujo de una cruz notarial]
Mrel Escorial [rubricado]
… … …
Todos Borrachos
El Rojete [rubricado]
… … …
Pascuas de Nicolasa Lazaro [rubricado] con su tortada como una
rueda de coche.
[Dibujo de un torso femenino de perfil con una trompa en la boca ].
… … …
que rico pastel dengila escelente
Josefa Bayeu [rubricado]
 

carta a zapater Goya
Carta a Zapater, entre 12 y 25 Diciembre 1797

Adornan la carta dos dibujos. Uno, de una figura femenina de perfil (Nicolasa Lázaro) que en la carta alaba el pastel de carne o huevos que le había tocado. Y otro una figura de espaldas, a cuatro patas en el suelo y mostrando ostentosamente su trasero desnudo. Tal y como afirma el propio Museo del Prado, propietario de la carta, “Se ha visto siempre como una figura de mujer, pero es en realidad masculina, por las formas musculosas de las nalgas, los muslos rectos y, sobre todo, el sexo que se aprecia bien entre las piernas. También el peinado lo indica, según la moda del pueblo de fines del siglo XVIII, con el pelo recogido en la parte de atrás como con redecilla, o su atuendo, con la camisa blanca levantada sobre la espalda y sus calzones bajados, descritos con rapidez en la línea horizontal que cruza los muslos, así como en los grandes y bastos zapatos. Zapater, el único espectador de la carta, debió de comprender el significado de la broma de sus amigos, tanto si hacía referencia, por ejemplo, al opúsculo de Francisco de Quevedo, no sabemos si muy conocido entonces, de Gracias y desgracias del ojo del culo. Era un periodo en el que Goya había estado especialmente interesado en el escritor español, cuyos Sueños inspiraron sus Caprichos.”

Nada predispone mejor para el buen humor como una buena bodega y una cocina más o menos delicada. Ciertamente, la descrita no era una comida diplomática en Viena, sino que los comensales, sueltos de lengua y pluma como resultas del vino, son gentes que parecen poco acostumbradas a lindezas, aunque sí son todos de muy buen diente. Y en la carta se respira nítidamente que aquello fue también, como diría Julio Camba, una juerga, una romería, un día de jolgorio y de bullanga en el que nuestro protagonista se organizó su día con los amigos dispuesto a comer, beber, cantar y bailar hasta el límite de su resistencia física. Semejante banquete es también el homenaje al generoso amigo en cuyo transcurso no hay sólo arte: hay una emoción sincera y cordial, que es la emoción del sol, de la sangre y del peligro, y hay también mujeres hermosas, con las frescas y encendidas mejillas tocadas por la mantilla clásica. Ya sólo falta, si algo ciertamente faltara, un buen puro y una siesta, ya que falla la corrida de toros, muy deseable para Goya pero imposible en el mes de diciembre madrileño.

Gonzalo de Diego

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